08

mar / 2017

Ane Bueno ekintzaileari egindako elkarrizketa

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El número nueve de la calle Peña, el local de la puerta azul, se ha llenado de color y estilo hace pocos meses con el ‘arte’ de esta irundarra

Fuente DV: 

Gloria Fuertes escribió en uno de sus poemas ‘pienso mesa y digo silla’. Pensarán ustedes que en un lugar en el que los muebles tienen nombres como ‘Kragsta’ o ‘Norrnäs’, fácilmente uno puede pensar mesa, pero acabar diciendo silla. Es lo que tiene no hablar sueco o no estar en un lugar como Kolore Ganbara. Tras la puerta azul de la calle Peña están Ane Bueno y sus muebles con nombres ‘normales’: tocador, mesa redonda, alacena… Y todos son de diseño, el que les da esta irundarra. Aquí, a menos que estén enamorados, como le sucedía a Gloria Fuertes, si piensan en una mesa, encontrarán una mesa. Y no una mesa cualquiera.Ane con uno de sus pinceles preferidos dándole una nueva vida a una pequeña mesa en su taller.

-¡Qué bonita esta ‘Kragsta’!

-¿El qué?

-Perdón, esta mesa. Qué bonita, me recuerda a una que tenía mi amona en casa…

-¡Ah! La mesa redonda. Aquí las cosas tienen nombres comunes. (Risas). Y la mayoría recuerdan a algo. Es más, todos los muebles que ves aquí están llenos de recuerdos.

  -Claro, esta no es su primera vida, ¿verdad?

-¡Eso es! Aquí renuevo la vida de esos muebles que nos han acompañado durante años. ¿Te enseño algo?

-Por favor.

-El otro día llegó a mis manos este espejo. ¿Ves que marco tan bonito tiene? Solo necesita un toque para que parezca nuevo, pero le das la vuelta y… ¡mira lo que pone aquí!

-Cristalería donostiarra. 2 de octubre de 1947.

-No sabes la ilusión que me hizo ver esta etiqueta. ¿Qué historia habrá detrás de este espejo? No lo sabemos, pero ahora voy a poner una etiqueta al lado con mi nombre. Que quien lo encuentre dentro de 60 años se pregunte por la historia en la que yo he tomado parte… ¡es emocionante!

-Desde luego, aquí los muebles no hablan sueco y cuentan muchas historias…

-(Risas) Aquí también hay muebles de Ikea, ¡eh! Los utilizo para probar técnicas, son mis ‘cobayas’.

-Hablemos de esas técnicas, ¿desde cuándo te dedicas a rehabilitar muebles?

-Pues te diría que desde siempre. Hace muchos años que empecé a ‘salsear’, pero como profesión llevo un par de años o tres.

-¿Cómo empezaste a ‘salsear’?

-Déjame pensar… Yo creo que lo primero que pinté fue una lámpara que me dio una amiga de mi ama. Ella le dijo: «toma, dale esto a Ane para que haga algo». Yo en ese momento pensé, «¿qué quiere que haga con esto?». La verdad es que aún me pregunto por qué me lo dio a mí… El caso es que pinté la lampara, me gustó y seguí haciendo cosas.

-¿Cómo la pintaste?

-¡Ni me acuerdo! Tenía unos veinte años. Supongo que con unas acrílicas que compré. Entonces no tenía ni idea de nada.

-¿Y después de esa lámpara?

-Pues empecé a pintar algunos muebles de casa, cosas que me pedían amigas, familiares… Se convirtió en mi hobby.

-Si rehabilitar muebles era tu hobby, ¿cuál era tu profesión?

-Yo era profesora.

-¿Profesora? ¡Vaya cambio!

-Sí, sí. Fue un cambio grande, la verdad. Lo pasé muy mal, pero después decidí lanzarme a la aventura.

-¿Qué te decía tu gente?

-Pues fue muy curioso todo. Recuerdo que se lo comenté a una amiga pensando que me iba a decir que estaba loca y fue todo lo contrario. Me dijo «bueno, sería hacer lo que has hecho hasta ahora, pero más en serio. No me parece una locura».

-Compartir la locura siempre es importante…

-¡Y tanto! Mi cabeza iba muy deprisa, quería hacer de todo. Quería un taller, pero también una exposición, tener piezas mías y de otros, hacer cursos… Así que me puse a ello.

-¿Cómo empezaste?

-Pues en casa, hasta que me di cuenta que ahí no podía seguir. Mi casa se estaba convirtiendo en un almacén (Risas). Busqué un local, encontré uno muy pequeño. Recuerdo que me daba golpes con todo, no cabía, pero me vino muy bien para aprender y poner en marcha el negocio.

-Tu nombre, Kolore Ganbara, es una buena definición de ese inicio, ¿verdad?

-Sí, la verdad que ese primer lugar era pequeño como una buhardilla, pero lo llené de color con todas mis herramientas. ¡La mudanza fue un horror!

-Y no fue la última…

-No. Ahí, en ese bloque, conocí a Mónica Zamora, que se dedica a rehabilitar bicis. Me planteó la posibilidad de poner en marcha una web y luego de compartir local.

-Ahora entiendo lo de las bicis en la entrada, aquí no todo son muebles.

-Eso es. Teníamos claro qué tipo de local queríamos. Uno tipo almacén, pero con espacio para exponer.

-Y apareció el nueve de la calle Peña…

-¡Sí! Tenías que haberlo visto al principio. La verdad, estaba muy diferente. Lo hemos limpiado entero, hemos sacado la piedra de las columnas, que son preciosas… ¡y todavía nos queda mucho por hacer! Todo este cambio ha sido una especie de tsunami.

-Tú eres Kolore Ganbara y Mónica, One for One. ¿Juntas qué sois?

-E s una de las cosas que nos falta, poner el nombre (Risas). Aprovechando la puerta tan bonita que tenemos, seguramente nos llamaremos ‘Ate urdina’.

-¡Los colores son lo tuyo!

-Me encantan. Disfruto mucho cogiendo el pincel más pequeño que tengo, el que tiene cuatro pelos, y trabajando pequeños detalles.

-¿Cómo funcionas? ¿Por encargo?

-Por un lado me dedico a buscar muebles en mercadillos de segunda mano. Hay muebles de una calidad estupenda, con una historia, que con un toque se convierten en joyas. Pero para joyas, los muebles que me trae la gente. El gesto más común aquí es llevarse la mano al pecho y decir: «es que le tengo tanto cariño». Es precioso saber el valor sentimental que tienen estos muebles.

-¿Los cambias como quieres?

-A veces sí y otras no. Hay gente que viene con una idea clara, pero también te diré que yo siempre les asesoro. Hay veces incluso que les digo que no les merece la pena hacerles nada.

-Aquí, tras la puerta azul, también podemos verte trabajar.

-Llevamos aquí solo cuatro meses, falta mucho por hacer, pero esa idea que tenía al principio se va cumpliendo poco a poco. Tengo el taller para trabajar, una exposición de un fotógrafo, piezas artesanales… ¡Ate urdina va cogiendo forma!

 

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