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urt / 2015

(Español) DIPROCABERRI SE REINVENTA

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Gabriel Hernández: «Los emprendedores tenemos que mirar hacia adelante y no rendirnos»

Como sus compañeros, este socio y trabajador de la empresa Diprocaberri de Irun es un empresario hecho a sí mismo que no calculaba su actual presente, pero que está dando todo por la firma

FUENTE DV: MAÑU DE LA PUENTE / IRUN /

Gabriel es uno de los seis socios que lo están dando todo por su empresa.Nació en Errenteria hace 39 años, pero está más que familiarizado con Irun desde los 16; bien, porque estudió en ‘la Sindi’, bien porque trabajó no pocos años en Diproca, una empresa que cerró en 2014, pero que volvió a ver la luz y la actividad pocos meses después. La ‘culpa’ es de Gabriel Hernández Rodríguez y de sus cinco socios. El grupo trabajó para y en la extinta Diproca. Está casado con Ana Rogado y cuando no trabaja le encanta hacer deporte. De hecho, no perdona los partidos de futbito con su cuadrilla todos los jueves del año en el polideportivo Manteo. Forma equipo empresarial y en la forma jurídica de sociedad laboral junto a Luis Rodríguez (Trintxerpe, 40 años), Dani Rivero (Irun, 31), Óscar López (Irun, 35), Enrique Soro (Irun, 49) e Imanol Urruzola (Alkiza, 44). Cuenta con el trabajo de Uxue Otero Sistiaga, sanjuandarra de 38 años, que es experta en decoración. Gabriel es quien acude a la cita con el periodista, pero habla en nombre de todos sus compañeros, que hacen piña por y para una empresa que lleva muy pocos meses de vida, pero que ya está dando qué hablar… pero de cosas buenas. Es un emprendedor que no se ha rendido y que de la firma matriz han dado solución de continuidad a la nueva empresa, añadiéndole un ‘berri’. Estamos escribiendo sobre Diprocaberri.

–Háblame de nombres.

–El mío es un Gabriel heredado de padre, abuelo y bisabuelo. Diprocaberri es el sustantivo que sucede a Diproca y es que no se podía mantener el primer nombre.

–¿Qué pasó con la empresa extinta?

–Diproca se fundó a mediados de los 90 en el Alto de Arretxe, dedicándose a la fabricación y cierre de puertas, lo mismo que al montaje de los productos que tienen que ver con la madera, como suelos, ventanas o armarios empotrados.

–Su trayectoria no parecía negativa…

–Y no lo era. Por ejemplo en 2004 facturaba en torno a los cinco millones de euros y todo marchaba bien hasta que en 2012 acusa la crisis. Ese año se desploma la empresa y sí, la construcción también tuvo que ver. Lo cierto es que, entre unas cosas y otras acabó cerrando después de entrar en ley concursal. El 9 de junio pasado llegó la comunicación formal. Dio trabajo a unos setenta operarios entre empleos directos y contratados.

–Y al cabo de poco más de un mes refluíais el negocio, aunque por vuestra cuenta, ¿no?

–Diprocaberri se constituye el 22 de julio de 2014, aunque los ahora socios ya llevábamos un tiempo hablando de la operación. Junto a Luis Rodríguez, contacté con ASLE (Asociación de Sociedades Laborales de Euskadi). Nos invitó a hacerlo un economista del sindicato. Se iniciaron los contactos y los asesoramientos y nos echaron una mano para empezar a andar. ASLE, a través de Anabel e Íñigo, nos confeccionó un plan de viabilidad gratuito y sin obligación de asociarnos, aunque ya estamos inscritos. Luego nos puso en contacto con la Fundación Michelín.

–¿Con qué resultado?

–Esta entidad se dedica a ayudar a empresas de la comarca de Donostialdea para que inicien su actividad. Y seguimos en conversaciones que siempre han tenido un cariz muy positivo.

–En cualquier caso, ya estáis en marcha. ¿En base a la producción de qué?

–Seguimos con las puertas, que es el principal elemento de nuestra producción. Las construimos, las vendemos y las montamos. También, con suelos, armarios empotrados y reformas integrales de villas y edificios. Trabajamos con decoradores y arquitectos.

–¿Estáis pensando en ampliar vuestra base de productos?

–Por supuesto y tenemos en mente crecer en sectores como el de cocinas o el del mueble. Eso sí, siempre con la calidad como primer mandamiento. Y es que, para Diprocaberri la calidad lo es todo, desde la seriedad hasta la mayor de las implicaciones.

–¿Cuánto pensáis facturar?

–El plan de viabilidad inicial se refería a doscientos mil euros, pero podemos duplicar esa cifra en el primer ejercicio.

–Hazme balance de este medio año de trabajo.

–Muy positivo. Además, el ambiente laboral es muy bueno pese a lo complicado de la coyuntura. Estos meses no son los mejores, pero el cliente está respondiendo muy bien y estamos muy contentos. También vamos siendo más visibles a través de la publicidad, que ayuda mucho.

–Trabajáis desde Errenteria e Irun, ¿No es cierto?

–Nuestra unidad de producción está en Errenteria y no ha podido ser de otra manera por cuestión de normativas. Aquí no lo teníamos fácil para montar el centro de trabajo. Tampoco dimos con un pabellón que se adecuara a las exigencias administrativas. Pero eso sí, mantenemos en Irun (calle Aduana, 15) nuestra exposición, con Uxue al frente. La empresa tiene una gran dependencia con Irun porque nuestras ventas se centran en un 70% en esta ciudad, en Hondarribia y en Hendaia.

–Te veo en un tono general muy positivo.

–Y es que estamos en esa clave, de optimismo y positivismo. El ambiente en el sector es bueno y la gente empieza a visualizar que algo se está moviendo para bien. Hace tan sólo seis meses todo se veía muy negro. Ahora comprobamos que, aunque se cierren algunas empresas, otras están abriendo sus puertas.

–Si seguís como hasta le fecha, pensáis en nuevas contrataciones.

–Claro. Los seis socios estamos en la misma óptica de situación y pensamiento y queremos contratar nuevos trabajadores.

–¿Dónde y cómo te gustaría verte dentro de diez años?

–Pues con más tiendas como la de Irun y con más plantilla. Eso significaría que la cosa habría ido bien. También me gustaría que estuviésemos en boca de todos y que fuéramos un referente en el sector. Ese sería el mejor síntoma.

–¿Qué le dirías a un joven emprendedor con dudas?

–Que las entierre y que no se rinda. Que siempre hay alguien dispuesto a echarte un cable. Y que luche por un futuro que acabará siendo un bonito presente.

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