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ots / 2015

Menina Tailerra-k eta Santa Maria Madalena Tailerra-k Hondarribia Craft-en izandako bere esperientziaz hitz egiten dute eta eskulangintzaren egoerari buruz gogoeta egin dute

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Fuente DV: JOEL IGLESIAS -HONDARRIBIA –

La puesta en valor de la artesanía es una de las líneas estratégicas en las que trabaja el Ayuntamiento dentro del Plan de Empleo y Desarrollo Económico Hondarribia Abian. De la reflexión realizada en la elaboración de este documento hace tres años, se considera que el sector, «por su potencial grado de innovación y sostenibilidad», puede consolidar su actividad e incluso fortalecerla.

En este contexto, se decidió organizar la primera edición de Hondarribia Craft. Impulsado por el Ayuntamiento a través de Bidasoa Activa con el apoyo de la Diputación de Gipuzkoa, ha sido un espacio de reflexión entre artesanos y diseñadores en el que han podido explorar nuevas formas de trabajo en conjunto.

Elzo, Seijo, Goikoetxea, Basterretxea y Alberrro, en la calle Mayor junto a las diferentes piezas que conforman la propuesta 'Zuri Beltz' que presentaron en Hondarribia Craft.De hecho, además de un ciclo de conferencias, incluyó unos talleres en las que profesionales de ambas disciplinas se juntaron con el reto de presentar un producto turístico para la ciudad. Se hizo una especie de concurso en el que la propuesta más votada por la ciudadanía fue ‘Zuri beltz’, una creación de Menina Tailerra y Santa María Madalena Tailerra.

Hemos reunido a Idoia Seijo y Jonan Basterretxea, de Menina, y a Maider Alberro, Ixone Elzo y Naiara Goikoetxea, de Santa Maria Madalena, para que cuenten qué les ha parecido Hondarribia Craft, expliquen cómo ha sido trabajar juntos, y también den su visión sobre la situación del sector en la ciudad.

Más allá de que como toda iniciativa nueva tendrá aspectos a mejorar, lo que más valoran es haber podido conocer a otros artesanos, creadores y diseñadores. Alberro señala que «nos ha permitido juntarnos con gente que sabíamos que existía pero con la que no teníamos ninguna relación, y esa parte ha sido muy enriquecedora porque ya sabemos qué puede aportar cada uno y cómo podemos colaborar».

Nuevas sinergías

En el caso de Santa Maria, por ejemplo, han entrado en contacto con Iñaki Oiarzabal, que se dedica a la serigrafía. «Al final, cada uno estamos en nuestro txoko y, aunque sepas que los demás están ahí, no te dedicas a ir a verles a su taller porque nunca te pilla bien, porque no sacas tiempo. Por eso, el reunirnos ha sido una gozada», añade Seijo.

Respecto a la experiencia de desarrollar un producto «ha sido muy buena», apunta Elzo. Eso sí, al ser cinco «no fue sencillo llegar a la idea y tampoco conocíamos cómo trabajábamos». Su propuesta de envoltorios personalizados para productos locales gustó y fue la más votada.

No obstante, Basterretxea puntualiza que esa sería una de las cuestiones a cambiar para futuras ediciones. «Sabes que el resto de compañeros ha hecho un esfuerzo igual y el que haya un premio, que es más bien simbólico, es algo que no hace falta porque no por ello nos íbamos a motivar más».

Alberro opina, al igual que sus compañeras, que también habría que hacer un llamamiento «a esos artesanos de toda la vida que igual tienen recelo a participar en estas iniciativas, como Hondarribia Craft, porque piensan que no es para ellos, pero seguro que tienen cosas que aportar y, además, les puede llevar a sacar su parte más creativa y dar una vuelta a su trabajo».

Impulso institucional

Son aspectos a evaluar, como suele ocurrir en cualquier iniciativa que echa a andar, pero Seijo se queda con que a las instituciones «algo les está empezando a llegar después de muchos años. Lo nuestro igual no son grandes números pero somos mucha gente la que nos dedicamos a la artesanía y se agradece que muestren un interés y tengan una intención de que algo más pase».

Y en esto también tiene mucho que decir la ciudadanía. Goikoetxea considera que «ahora si te regalan algo hecho a mano, por ejemplo, se le da más valor». En Santa Maria Madalena han comprobado cómo «la gente empieza a tomarse su tiempo y se ve en los talleres interés por aprender a hacer cosas propias».

Seijo reivindica que «hay que defender nuestra personalidad porque con la globalización todo parece igual. Nos hemos cargado espacios, como aquí en el casco histórico, que son necesarios pero para eso tiene que haber consumidores. No se puede exigir que alguien abra un comercio o se dedique a la artesanía si luego salen corriendo para otro lado. Hay gente que está haciendo cosas con gusto, con ganas de crear, y hay que aprovechar ese potencial».

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