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urt / 2015

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Ernes Olasagasti dejó su trabajo para recorrer medio mundo en año y medio. Esa experiencia fue un punto de inflexión para este hondarribitarra que, desde entonces, es guía en una docena de países de tres continentes

FUENTE DV: JOEL IGLESIAS -HONDARRIBIA –

De abril de 2007 a octubre de 2008, Ernes Olasagasti se dedicó única y exclusivamente a viajar. Recorrió cerca de veinte países. Empezó en Centroamérica, bajó hasta Ushuaia, pasó por la Isla de Pascua, Nueva Zelanda y Australia para terminar en Asia, donde conoció el sudeste de este continente desde Indonesia hasta la India.

Recorrió más de 7.000 kilómetros en moto por Asia. En la imagen, a más de 5.000 metros en Cachemira.Este hondarribitarra trabajaba «de ejecutivo en temas comerciales» y solía aprovechar su mes de vacaciones para conocer diferentes lugares. Lo de viajar es algo que le atraía desde joven porque «agosto era para mi familia salir en coche y visitar países de Europa. Se puede decir que mis padres nos metieron el veneno a mis hermanas y a mí», comenta.

Olasagasti tenía un sueño y decidió cumplirlo. Rompió por completo con su rutina. «Llegó un punto en el que tenía unos ahorros, decidí dejar el trabajo y me fui sin un rumbo fijo», recuerda. Lo hizo solo porque es como le gusta viajar. Para él, «es la mejor manera de relacionarte con la gente local y mi motivación es conocer otras culturas. Y así eres muy permeable a todo eso».

En principio pensaba estar un año, pero se fue alargando. De hecho, estuvo diez meses en América Latina, «más de lo previsto y luego ni si quiera pude llegar a África, fue cambiando todo sobre la marcha». De aquello experiencia destaca lo que aprendió «de la gente que no tiene demasiado. Es la que más te da. Luego es difícil practicarlo al volver, pero sí es cierto que te queda un poso».

«Me quedo con las personas»

Este hondarribitarra recalca que «lo que me mueve es ver cómo viven otras sociedades. Y más que paisajes, que hay lugares espectaculares, me quedo con las personas». Le resulta difícil destacar algún país, aunque cita dos. «La India me atrapó y estuve tres meses en los que recorrí en moto la zona norte. Y Colombia me maravilló por su cultura, arqueología y riqueza natural. Lo tiene todo, incluso problemas políticos, pero la gente es muy agradecida porque no van muchos extranjeros».

Antes de iniciar esta vuelta al mundo, ya tenía en mente la opción de ser guía, «pero no lo tenía claro». A su regreso contactó con Banoa, la agencia de viajes alternativos y aventura en la que trabaja desde hace seis años. Según cuenta, «podía haber vuelto a un empleo como el anterior y vivir con más medios, pero ahora no lo haría ni loco».

Olasagasti valora «el disponer de tiempo» que es algo que echa en falta en nuestra sociedad. «Por ahí la gente no tiene mucho, pero tiene tiempo de cuidar a su familia. Una de las cosas que me parecen más increíbles es lo mal que atendemos a los mayores. Parece que molestan y eso para mí es síntoma de subdesarrollo en lugar de desarrollo», dice.

Está contento porque «hago lo que me apasiona». Es guía en una docena de países de África, Asia y Norteamérica. Son viajes organizados para grupos, «con una duración normalmente de tres o cuatros semanas, en los que la idea es patear, moverse para conocer de verdad esos lugares y nada de hotelazos».

Son muy diferentes a sus experiencias en solitario, ya que «es un máster en relaciones humanas porque tienes un grupo que no conoces de nada y les metes en un autobús o una furgoneta y es enriquecedor cómo se van tejiendo los vínculos. Y haces esa misma ruta tres meses después y es completamente diferente por la gente que va».

Este hondarribitarra decidió dar un giro a su vida «y animaría a hacerlo a esas personas que se lo estén planteando. Vivimos en un sitio en el que más o menos vas a tener estabilidad, y hoy en día es más fácil de lo que parece moverte. Hay una vida y hay que intentar hacer lo que a uno le apetezca».

A Olasagasti todavía le queda mucho mundo por descubrir. «Tengo rutas más que países como, por ejemplo, ir de Hondarribia a Katmandú en moto, o conocer el Cuerno de África. Hay un problema: cuanto más conoces, más te da la sensación de que te falta. Vas a un lugar nuevo y descubres un montón de cosas alrededor. No contemplo mi vida sin viajar y seguiré haciéndolo».

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